Eva Gótica

de Simona Paxaretas

No me lo puedo creer, esta tarde estaba en mi despacho y apareció en la puerta Eva, si Eva, “la de Adán”, bueno cosa increíble de contar, empezó por decirme que ella no era de nadie y que estaba aquí para poner a ese ”memo” en su sitio. Ahora os cuento.

Llegó aproximadamente sobre las 16:00 h. de la tarde, momento en el que a la que cuenta, le entra un sopor insoportable. Llegó, la verdad, “arrasando con todo”, porque entró hacia mi oficina violeta sin preguntar ni saludar a la compañera de la entrada, en fin, tiene carácter ¡la Eva esa!

Cuando apareció ante mí, obviamente, no la conocía porque además, y si no lo sabíais, Eva es gótica, pero no gótica de pensamiento, si no de estética, a ella la ideología gótica le parece una verdadera mierda, pero le gusta vestir así porque afirma, le gusta dar miedo, y por el contrario aborrece tenerlo.

Se sentó conmigo un rato y me contó de sus andanzas y de sus planes. En primer lugar vino a la tierra para dejar claro que a pesar de ser creada de una costilla, ella considera que debía ser la defectuosa, porque ella, no nació para obedecer a nadie. Ella es un alma libre que vaga por el mundo haciendo justicia contra las imposiciones de género y sobre todo, contra aquellas que sitúan a las mujeres en una posición de víctimas.

Para esto utiliza un súper poder; el lanza-empoderamiento, es una especie de proyectil femenino, que aquellas a las que alcanza, consigue inyectarle semejante grado de empoderamiento y autoestima que logra vencer y superar los más arcaicos y estereotipados mensajes de inferioridad hacia ellas mismas. Puede llegar a producir efectos no deseados, como la ruptura total con los esquemas de género, fomentando agrupaciones femeninas de combate activo contra las desigualdades de género.

Por seguir con Eva.

Le encanta la canción “a quién le importa lo que yo haga” y enarbola la idea con mucho ahínco. Realmente es una provocadora y le gusta que la vean, y se hable de ella. A ella le encantan las “malas lenguas”, pero le gustan sobre todo las lenguas, y no una sola si no varias, es muy activa sexualmente, y le gusta que le hagan sentir hasta la extenuación, y no se corta un pelo en decirlo, ¡hace bien! y por cierto, no hace ascos a nada, en el fondo, cuando estaba en el paraíso, mordió la manzana porque en realidad le encantó y le excitó in extremis, la voz de la serpiente, ¡porque era una serpiente si no…!

El paraíso le pareció un tedio insoportable, y lo único que la sacó de su aburrimiento personal fue la voz de la serpiente y toda la erótica que creó a partir de la misma. Con Adán mantenía relaciones por purita necesidad corporal, pero no porque el hombre estuviera muy bien, ni siquiera lo hiciera muy bien. Eva realmente era un ser indefinido, intersexual que dicen ahora, que jugaba bastante con su colega Ulises, su otro yo, que era su parte masculina que sacaba a veces a relucir, en esos días en los que la maldita feminidad, ¡le daban bastante por el culo!

Decir que Ulises, era heavy y le encantaba guns&roses, en el fondo ¡era un enamoradizo!, le gustaban sobre todo los hombres y a pesar de ser heavy, era muy introvertido. A Ulises sí le gustaba Adán porque como era pasivo en cuanto las relaciones eróticas adoraba ser azotado y estar a las órdenes de Adán, que como no, cumple perfectamente las reglas impuestas por su amo y Señor; él manda y ordena. Por eso Eva, pocas veces en el paraíso dejaba salir a relucir su lado más masculino, o sea, Ulises, porque si no Adán “cogía muchos vuelos”, con lo cual ahí se presentaba Eva, con sus botas negras hasta la rodilla, sus medias agujereadas, su camiseta rota dejando entrever su maravilloso y apetecible hombro y su perfecta cara maquillada en tonos oscuros para acojonar un poquito al jodido de Adán, ¡dios como le gustaba esa Eva!, le entraban sus instintos más primarios de castigarla por mala, pero claro él era siervo del Señor y no podía permitirse ese tipo de deslices, aunque a veces, caía rendido ante los efectos que Eva-Gótica producía en sí mismo, ¡no se reconocía!

Seguimos con Eva, nos fuimos a tomar unos vinos por la zona vieja, y me cantó y me lo contó todo; ella siempre se sintió libre de hacer y decir, y dejó además que su cuerpo experimentase todos los deseos, con lo cual jugaba y juega alegremente con Eva y Ulises, dependiendo de sus amores y humores. Le gusta subvertir papeles y subvertir la historia, y no quiere verse encasillada en nada, porque no lo es, es lo que le apetece en cada momento y punto. Me habló de sus deslices y prácticas amorosas y del tedio insoportable que era su vida en ese sitio llamado el paraíso, ¡Para nada estaba de acuerdo!

Era un sitio donde acatabas las órdenes del Señor, dirigidas por un papanatas llamado Adán que poco sabía de sí mismo y de cómo se sentía, en el fondo, Adán era un sentimental puro, escondido bajo un manto de virilidad absurda, ¡Pobre, decía mientras reía a carcajadas!

Ella por el contrario decidió tomar otro camino, qué le vamos a hacer, a ella la serpiente le gustaba pero bueno como no estaba bien visto eso de los amores con animales, decidió comerse la manzana y salir pitando de semejante infierno. Aquí en la tierra, decidió vestirse de gótica por eso de asustar un poco, ya estaba harta de tener que fingirse “la asustadiza”, si en el fondo ella no le tenía miedo a nada y decidió dedicarse en cuerpo y alma a asustar a los hombres, mejor dicho, a los machos, esos que siempre tienen la razón y la última palabra; jugaba con ellos cual ositos de peluche y con su idea del amor libre les rompía todos los esquemas de “ser mujer”.

Realmente fue toda una experiencia tomarnos ese vino; cuántas miradas de asombro, cuántos guiños fingidos y cuántas ganas contenidas, ella en sí era “todo presencia”. Eva era todo y lo inundaba todo y lo cuestionaba todo, poco le importaba el qué dirán, más bien al contrario, estaba encantada como dije anteriormente con las malas lenguas, ¡las adoraba!

Me contó además que lo de vivir aquí tampoco iba mucho con ella, es más, a veces se escapa al paraíso, descubrió un atajo por donde entrar y medio que se enrolla con Adán, en el fondo él, quisiera ser como ella, pero sus propias cadenas mentales se lo impiden, ¡él se lo pierde!, decía riendo a carcajada limpia.

Era ante todo incorrecta, contestataria y defensora de las mujeres y poseía además el poder de la fuerza “bruta”, esa que está tan de moda en las sociedades industrializadas, con lo cual ante cualquier caso de violencia contra las mujeres, ahí se plantaba la gótica Eva a cagarse en todos los muertos del puto mamón que se atrevía a ponerle una mano encima a una mujer, era una verdadera maravilla verla en acción.

De hecho, debo confesar, que yo misma lo viví en mis propias carnes. En un despiste mío, cuando me acercaba a la barra de uno de los bares a pedirnos el tercer vino, y la que habla además, ya iba contenta, feliz y alegre, Eva, disparó su proyectil lanza-empoderamiento, atravesándome el purito corazón. Se produjo un temblor de tierra, las gentes corrían despavoridas y de mi cuerpo salía una luz infernal que me colocaba en una posición superior. Las gentes del pueblo me miraban despavoridas porque mi cuerpo fue adoptando una postura, cuando menos correcta, y digo correcta en tanto que mi espalda apareció recta, mis hombros dejaron de encorvarse hacia delante y mi cara lucía una seguridad inaudita. Me cambió la voz, me cambió la presencia y me sentía en una nube de seguridad en mi misma, que producía en la gente allí presente una mirada y comportamiento hacia mi persona, muy, pero que muy diferente. Era Jacinta Brönte, la de igualdad, pero reencarnada en una diosa poderosa y con seguridad en sí misma, de esas personas que ves y sabes de sobre, que tienen presencia.

Por fin, pensé, tengo presencia para hacer y decir, no me lo podía creer, estaba loca de alegría y abracé a Eva gótica como nunca en mi vida y nuestro abrazo paró el mundo, lo juro, lo paró de golpe y frenazo en seco, y por un instante todas las mujeres del mundo sintieron que algo dentro las había movido, cara a otro lugar, ese no lugar, vetado a las mujeres, ese no lugar tan apetecible, el de hacer ¡lo que te de la puta gana!, y perdonen la palabra.

Desde entonces no volví a ser la misma, lo siento, digo para esas personas que preferían a la Jacinta sumisa y devota que nada cuestionaba y que todo le parecía la mar de bien. SORRY.