Las violencias que compramos

de Jeane Costa

Los movimientos feministas históricamente han denunciado la cosificación del cuerpo de la mujer y la imposición social de los cánones de belleza. Somos conscientes y desde el puno teórico, tenemos el discurso muy bien aprendido. Sin embargo en la práctica continuamos machacándonos.

Compramos violencia hacia nosotras mismas.

Al comparar el cuerpo que tenemos con otros cuerpos, nos posicionamos en una relación de inferioridad. Al insultarnos con frases comunes como: “qué tonta soy” o “qué gorda estoy”, damos poder al lenguaje que ahonda en nuestra autopercepción, deteriorando nuestra autoestima.

Lo incoherente en nuestro discurso es que vemos estas violencias en otras mujeres, pero no en nosotras mismas. Seguimos dedicando esfuerzos en ayudar a otras mujeres a conocerse, quererse y aceptarse, dejando lo personal para mañana. Nos cuesta dedicarnos tiempo y espacios de amor propio.

En nuestro día a día entramos con facilidad en las autodescalificaciones, naturalizando el mal trato hacia nosotras mismas y reproduciendo desde la práctica, (en contraste con el discurso) este marco vivencial para nosotras, para nuestras niñas, para las generaciones futuras.

Hemos sido socializadas para ver la belleza del afuera, pero no en observar, valorar y amar la propia. Rechazamos a la que aparece en el espejo bajo el falso argumento de la modestia, o lo que es peor, la prepotencia.

También nos influye sentir la belleza como un valor para ser aceptada. Sentir que es necesario pasar la ITV del atractivo, ser eróticamente seductora para otras personas, incorporando en la piel la frase “para estar guapa hay que sufrir”, practicando “torturas” psicológicas y físicas en busca del ideal de “guapura” photoshopeada. Cada persona tiene su belleza, y basar la autoestima en el reconocimiento por parte de otros siempre será frustrante.

Con todas estas prácticas, tan alejadas de la teoría, despojamos la belleza natural, individual y única de cada persona, de cada mujer.

Es necesario elaborar discursos subversivos donde cada una pueda ser y estar feliz en la “piel que habita”.

¿Y esto cómo se hace?

• Con pequeños cambios en la manera de mirarse en el espejo de la vida.

• Cambiar el verbo estar por ser, cambia la perspectiva. Estar guapa no es lo mismo que darte el permiso de decir “Soy Guapa”. Repetir esto al mirarse en el espejo de la compasión, permite una apertura al amor propio, y puedes hacer el mismo ejercicio con otras cualidades que tienes, reconociendo tus virtudes.

• Preguntándonos si usaríamos estas descalificaciones u opiniones negativas hacia otras personas. Seguramente la respuesta sea no. Por tanto, no lo hagas contigo misma.

• Otra manera de cuidarnos y no comprar violencias es preguntarse en qué eres buena, que se te da bien hacer, cultivar, elaborar…si no lo ves, pregunta a las personas tres cualidades que perciben en ti, te sorprenderá las capacidades que los demás ven en ti y que no percibes por ti misma.

También te sorprenderá saber que lo que te hace eróticamente atractiva es un conjunto de características cautivadoras y facetas más allá de las físicas. Como dice una querida amiga “cada persona tiene su público”.

Respetar nuestra individualidad es un paso esencial para amarnos, para ello, es necesario buscar en el espejo el sentir de un amor compasivo y benevolente con una misma. No compres violencias, practica el buen trato y dile a la del espejo que es el ser más hermoso que has visto, porque lo es.