ENTREVISTA A ALICIA MURILLO

por Mariola Mourelo

Alicia Murillo, “artista multi-indisciplinada” que visitou a Galiza no início do quente verão de 2016 com o seu show “Cuidado con la perra” e apresentando o seu livro “Comando JE”. Falamos com ela sobre o humor, a violência e o presente e futuro do feminismo. Sempre maravilhosamente incorrecta remove-nos e remove-se poñendo todo patas acima. Um prazer.

Revirada: Para empezar, ¿cómo te está yendo el tour por Galicia?

Alicia Murillo: Pues bien, bien. Ya estoy terminando, pero a nivel personal me quedo con que Galicia es la Tenerife del Norte. Es súper amable, todo el mundo te sonríe en la calle. Eso me gusta mucho, el carácter gallego, que no lo conocía mucho. Yo solo había estado aquí una vez y hace un mogollón de años. Me ha gustado mucho aunque he tenido poco tiempo. Y a nivel profesional, genial, con la gente, porque mis eventos no son mainstream, son de público reducido pero un público muy fiel, muy cariñoso y muy acogedor.

R: Y con muchas ganas de verte. Para entrar en tema, contra el patriarcado, ¿qué funciona mejor, el humor o la violencia?

AM: El humor violento. (Risas) Me lo has puesto en bandeja. Es que no está reñida una cosa con la otra, no creo que sean polos opuestos sino dos ingredientes fundamentales en la lucha. Mi humor es muy agresivo, de hecho. Como el humor de la mayoría de las feministas, o feministas humoristas queer… Malena Pichot o Charo López… Bueno, fui a ver el monólogo de Malena Pichot y es súper cañero, muy agresivo, haciendo chistes sobre violaciones… No creo que estén reñidas, creo que son necesarias ambas.

R: ¿Y a ti, cuál te ha funcionado mejor?

AM: A mí me ha funcionado mejor cuando he aprendido a mezclar los dos, porque al principio no sabía que el humor podía utilizarse como forma de lucha. El humor estaba en mi vida porque vengo de una cultura donde lo aprendemos, donde no sabemos vivir sin él. Eso se lo voy a agradecer siempre a mi vieja, a mi abuela, que era gaditana. Yo siempre había sido graciosa, digamos, pero no sabía que eso podía ser una profesión (Risas), ¿vale? Ni ser un elemento de lucha. Siempre había utilizado la agresividad en la lucha. Yo me daba cuenta de que no servía, de que la agresividad al final, sola, per se, se vuelve contra ti. Y realmente los cambios que se producen no son cambios significativos. La agresividad, la fuerza por sí sola, es como se han hecho los cambios hasta ahora. En toda la historia de la humanidad, sobre todo la historia de Occidente, la mayoría de los cambios sociales se han hecho a través de la fuerza, a través de la agresividad. Cambios muy patriarcales, con formas de lucha muy masculinas, muy masculinizadas, lo que entendemos por masculino tradicionalmente. Y no va bien, porque al final son cambios que… A mí me gusta mucho pensar en la Revolución Francesa, en cómo fue una tontería. Se hincharon a cortar cabezas; acabaron, sí, con el concepto de clase y empezaron con el concepto de colonialismo y a esclavizar gente de otros países para repetir exactamente lo mismo, pero desde la burguesía y con personas de otras razas. Es decir, que al final no ha cambiado nada. Entonces, todos los cambios que se han hecho a nivel social han sido cambios absurdos, de repetir la historia. Y espero que la revolución feminista, que está por llegar, sepamos, por lo menos, hacerla de una manera un poquito más creativa, porque ellos, la verdad, la han hecho como el culo (Risas).

R: ¿Y cómo es esa revolución feminista? ¿Cómo te la imaginas?

AM: Me la imagino mucho más creativa y creadora, no me la imagino conciliadora. Siempre se habla de que las mujeres en política somos más conciliadoras; yo no creo que haya nada que conciliar con el patriarcado. Ahora estamos negociando. Tenemos una época de negociación con el patriarcado porque no tenemos más remedio, porque todavía no estamos formadas, pero hay ahora mismo un movimiento artístico que va más allá del humor, un movimiento literario, de vídeo, de audio, de las redes sociales, que está haciendo ver que algo se está fraguando. Es como, volviendo otra vez a la revolución francesa, siempre pongo el ejemplo de la ópera “Las Bodas de Fígaro” de Mozart, de cómo a través de las obras de arte siempre se anticipa lo que va a ser la evolución social. Los artistas siempre vamos a contar unas décadas antes, vamos a idear lo que va a pasar en el futuro. Los artistas estamos un poco para dar las ideas y luego la generación siguiente lo podrá llevar a cabo de manera más técnica. Y yo me la imagino una revolución creativa, no una revolución simplemente basada en la fuerza bruta, que la habrá también, porque supongo que no vamos a poder pasar sin ella, pero no va a ser simplemente una guerra al uso, va a ser mucho más que eso.

DCIM102SPORT

Alicia Murillo

R: Entonces, tal vez si puedes ver diferencias entre lo que está pasando ahora a nivel de feminismo y lo que pasaba hace unos años, o hace nada, que era más una acción-reacción, ¿no?

AM: Sí, creo que por ahí pueden ir las cosas. El hecho de que las feministas siempre hemos pedido derechos. Creo que llegará un momento en que empezaremos a arrebatar privilegios. Eso en realidad es el abecé de la lucha social, el feminismo el único órgano de activismo en que pedimos las cosas por favor. Es ridículo. Somos el único grupo social que ama a su grupo opresor y que se casa con él y tiene hijos. Eso de verdad que no ha pasado en otras luchas… Es una cosa muy loca, muy loca, ¿no?

R: Pedimos por favor y pedimos perdón.

AM: Pedimos perdón por pedir lo que es básico. También creo que en realidad también estamos en guerra, pero que no se dice. Esto es una guerra mundial contra las mujeres en todos los países, en unos países más, en otros menos. No se dice, pero hay una guerra armada contra las mujeres y perfectamente organizada a través de las instituciones, de las tradiciones… Ellos están contra nosotras. Entre nosotras, eso está claro. Por ahora se está silenciando la guerra, pero para eso estamos también la gente que nos dedicamos al activismo y al arte, para poner nombre a las cosas y para empezar a nombrarlas como lo que son.

R: Y el Cazador Cazado, que fue tal vez una de las primeras acciones que hiciste que se visibilizó hacia afuera, que no esperabas, pero que tuvo mucha repercusión, ¿cómo te ayudó a ti a nivel personal?

AM: El objetivo al principio era el de no quedarme quieta en una situación de violencia. Lo que hacía al principio era llegar llorando a mi casa, o me cabreaba con el señor de turno, o lo que sea, y llegó un momento en que dije, “Pero, bueno, que lloren ellos, ¿no? Vamos a cambiar el mango de la sartén. Lo quiero coger yo y, exactamente, que el miedo cambie de bando y que empiecen ellos a llorar”. Entonces, en un principio, fue como una especie de estrategia personal de autodefensa. Sí que tuve la intuición de que cuando colgara los vídeos algo podía pasar pero no me podía imaginar hasta que nivel. Eso no podía intuirlo. Lo que conseguí un poco en el Cazador Cazado fue el proceso del que un poco hablaba antes. Fue sin duda el proyecto en el que formé mi manera de estar en la lucha, de estar en el mundo. Me di cuenta de que podía transformar el cabreo en humor. Que se podía hacer, que era posible y, además, haciéndolo era mucho más efectivo, se difundía más por las redes. Yo realmente adquiría mucho más poder ante el agresor, era una manera infinitamente más creativa… En fin, solo eran ventajas y fue ahí donde ocurrió ese clic.

R: Además muchas mujeres dijeron que también les había ayudado mucho ver esos vídeos, ¿no es así?

AM: En realidad, proyectos como el mío ya existían. Yo conocía a Hollaback1 que aún sigue. Es un proyecto enorme a nivel internacional, en un montón de países. Antes de mí ya había mujeres haciendo esto, lo que pasa es que, a lo mejor, no con este formato en concreto. Como “No quiero tu piropo, quiero tu RESPETO2”. Ahora mismo hay mogollón de proyectos contra el acoso. Ni he sido la primera, ni voy a ser la última, ni soy la única en este momento. Pero sí, muchas mujeres que vieron mi proyecto sí que me dicen que se ven representadas. Por esto es tan importante el artivismo, porque de repente ves representada una realidad que normalmente no se pinta, no se enseña, no se escribe. Es como el cine, en el cine hasta hace muy poco las mujeres teníamos un papel de princesas que había que salvar. Ahora la moda es poner a las mujeres en los roles masculinizados del macho alfa, pero que lo está haciendo una mujer, una mujer prepotente, agresiva, violenta… Que yo tampoco quiero ir por ahí como “No os habéis enterado, no es este rollo, no era esto”, pero sí creo que el feedback fue ese. A menudo me decían “Me alegro de ver representada la posibilidad de poderme defender”.

DCIM102SPORT

R: Para ir terminando y ligando con lo hablado hoy, ¿cómo está el feminismo hoy en día? ¿Cómo ves el futuro?

AM: El feminismo se extiende como el Universo. Tiene una onda expansiva brutal. Se está colando por todas las rendijas. Está llegando incluso al mainstream, que no sabemos si es bueno o malo, pero está ocurriendo queramos o no. Sí, está de moda. Claro que está de moda. Eso a nivel, por así decirlo, cuantitativo. A nivel cualitativo, debo decir que estamos también creciendo mucho, porque si hay algo bonito que tiene el feminismo es que tiene una capacidad de autocrítica brutal y es un movimiento imperfecto. Es un movimiento, pues como hacemos las cosas las mujeres, que no nos importa mostrar nuestras dudas. No como otros movimientos más machos, donde en las asambleas hay que hablar con verdades enteras y bien estructuradas. En una asamblea feminista, si está bien hecha, hay muchas más posibilidades de creación de pensamiento conjunto. Es como un movimiento mucho más horizontal, mucho más creativo. Sí que veo un problema gordo con la transversalidad, que es lo que nos estamos currando ahora. No veo un problema, veo que somos conscientes de que estamos ahora creciendo por ahí. Yo misma, veo vídeos míos hechos hace 3 años y digo, “Yo esto no lo haría ahora”. A nivel técnico, ya ni te cuento (Risas). Pero no solo eso, yo leo cosas mías de hace 3 años y digo: “Yo ahora ya no pienso así”. Yo no estoy de acuerdo con mi “migo” de hace 3 años. Bueno, pues ya está, me he equivocado o me equivoco ahora. No lo sé, pero el caso es que estamos creciendo mucho en la transversalidad. Y otra cosa que me preocupa es la sororidad, que en eso ya no sé si estamos creciendo tanto, pero veo que hay que trabajársela un poco porque la estamos romantizando. Ahí sí que creo que estamos un poquito más atrás. Hemos pasado de romantizar al novio a romantizar al grupo feminista, y confundimos la sororidad con empatía política. Pensamos que las personas que tengan mis mismos valores políticos practican conmigo la sororidad. No, una mujer no tiene por qué compartir contigo los valores políticos para que practiquéis la sororidad, ni tiene tampoco que ser tu amiga. Es que la sororidad va más allá incluso del feminismo. La sororidad traspasa todo. La sororidad es compartir un enemigo común, que es el hombre, como categoría social.

R: En el último número de Revirada sobre el “feminismo take-away”, hablamos del feminismo de usar y tirar, a veces utilizado en el mainstream, a veces individualista, “cojo lo que me interesa, lo que no me interesa lo dejo a un lado”. Y luego sigue habiendo eses grupos de hace unos años, esos grupos militantes, de “Estoy aquí, hasta el final”.

AM: Ya te entiendo. Yo, por ejemplo, no creo en los grupos grandes. No te digo ya en las masas y en los movimientos a nivel nacional e internacional. No me creo lo de las ONG. No me lo creo porque he trabajado dos años en el norte de África y lo he visto con mis propios ojos. Yo sé lo que ocurre con el dinero de las ONG porque lo he visto. No me lo tiene que contar nadie. Entonces, yo no me creo lo de los grupos grandes, pero es que tampoco me creo ni lo de los grupos medianos. De hecho, yo siempre digo que es un proyecto individual, pero no individualista. El hecho de que yo haga todo esto por mi cuenta y que sea una trabajadora autónoma no significa que yo todo esto no lo esté haciendo de una forma colectiva. De hecho, mi trabajo no se podría llevar a cabo si no fuese por una red de mujeres que se mueven. Siempre lo digo en todas las entrevistas. Lo repito hasta la saciedad porque me parece fundamental. Pero existe un problema y es que así que vamos agrandando a un grupo, lo vamos verticalizando, queramos o no, porque las transversalidades van a atravesarnos, queramos o no. Entonces yo cada vez creo más en comunidades más pequeñas, más autogestionadas y cada una haciendo el bien para su propia moral. Yo voy a preocuparme de hacer yo el bien y verás como, si lo hacemos todas, va a ir la cosa bien. Es mi opinión.

R: ¿Y cómo nos conectamos? Por ejemplo, esas redes de las que hablas, ¿cómo nos ponemos en contacto?

AM: Mira, yo no sé qué decirte. Yo creo que a través de las redes sociales tenemos para lo que sea estrictamente necesario y, bueno, hay manifestaciones que se han organizado. Yo es que… No sé. Voy a decir cosas que luego la gente va a decir “Es que esta, esto y lo otro”, pero mira, hay una frase de la rapera esta francesa Keny Arkana, ella dice: “La mejor manera de luchar contra el sistema no es combatiéndolo, sino ignorándolo”. Un poco por ahí yo creo que van los tiros. No hace falta organizarse tanto, si lo único que hace falta es hacer lo que nos salga del coño, ¿entiendes? (Risas).

R: Esa frase me la voy a anotar.

AM: ¡Claro! Otra que lo decía, la Clara Campoamor: “La libertad se aprende ejerciéndola”. Simplemente hay que hacerlo y punto. Tú no tienes que organizar una manifestación con las tetas fuera, dando de mamarles a los niños para visibilizar que no nos dejan ir a los sitios… No, nos plantamos con los niños y punto pelota. Y si nos echan, pues que venga la policía a echarnos, pero hacer las cosas, dejar de pedir permiso… Si es tan sencillo como eso, si después no te van a echar. Y si te echan, pues peor para ellos porque la vamos a armar en las redes sociales. Pero yo cada vez voy a menos manifestaciones y cada vez me tomo más libertades. Es mucho más sencillo, ¿sabes?

R: Sí es cierto que la organización y la asamblea nos llevan mucho tiempo y nos impiden que hagamos muchas cosas.

AM: Es que las asambleas muchas veces nos sirven de justificación, igual que Facebook. Es como, “No, no, pero yo es que voy a la asamblea cuatro veces al mes. ¿Tú sabes lo que es eso? ¡Que son cuatro horas de asamblea! ¿Sabes lo buena que yo soy que hago todo eso?”. (Risas) Pues, en vez de hacer eso, dile a tu maromo que ponga tres veces la lavadora a la semana, que eso es mucho más feminista que irte a una asamblea. ¿Entiendes? Pero, claro, no le decimos eso a nuestro maromo para no crear conflicto en casa, pero vamos a las asambleas feministas. Pues yo creo que es mejor lo otro.

R: Lo del día a día.

AM: Lo del día a día.

R: Y de aquí ¿adónde va Alicia Murillo?

AM: ¿Yo? Que pregunta más buena porque no tengo ni idea. Es que, si a mí me hubieran dicho hace diez años dónde iba a estar yo ahora, o hace tres, no me lo creería. Así que yo ya he dejado de hacer planes, porque he dicho, bueno, cualquiera sabe por dónde salgo ahora, ¿sabes? No lo sé, lo que me divierta. Seguiré haciendo como ahora, haciendo lo que me resulta divertido.

Con respecto a los planes, espero poder sacar la segunda parte del libro el año que viene. No es seguro, pero a ver si mis niños me dejan escribir.

https://aliciamurillo.com/

https://aliciamurillo.com/blog/

https://aliciamurillo.com/el-cazador-cazado-2/